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miércoles, 1 de septiembre de 2010

I.

llueve,

cada vez más fuerte.

y más peligroso.

Cada vez más sonoro.

La humedad aumenta.

Tengo unas ganas colosales de hacer-(me/te) -el amor.

no insisto en padecerlas ya, pero no hay nadie

nadie que me ame.

nadie

llueve a cantaros.

Si supiera donde encontrarme, cómo buscarte

arrastraría los restos de este alma, no importa qué tan lejos

o cuán fuera del tiempo esté tu lecho de mí.

Heme aquí: en el reino de las ansias.

recostarme entre tus sábanas.

no las conozco pero lo sé: me urge.

sentir la tela,

olerlas,

rozarte,

que me roces /de – li – ca –da – men - te.

Se oye un himen que se rompe.
¿un himen emite sonido, posee tono de voz?

II.

Tener tu piel sobre mi piel. Más; aún más. ¡Que desees ardientemente mi piel sobre tu piel, con violencia!

Tus dientes mordiendo suavemente mi labio inferior. Tu corazón quemando sobre de mi corazón –a través de la piel.

Besar justo allí, donde toca la orquesta de tu existencia

Con los ojos cerrados lameré el lugar en donde tu corazón me late

voy a alimentarme de él.

Mi lengua intentando ahogar tu lengua en tu garganta;

luego, tu lengua lamiendo mis pezones. Despacio,

la yema de los dedos de mi mano derecha dibujando sobre tu angulada espalda

un mapa con forma de corazón.

Tu lengua. Mi lengua.

y un abrazo.

Sudor. El estallido final, la pérdida de la conciencia /paraísos a mi alrededor/

Tus sábanas, tu aroma. Tu calor.

los amantes se deslizan por el sendero de las mariposas.

Sábanas.

Aroma.

Calor.

Preciso que suceda que te llevo en mí

Llueve,

o quizá sólo sea llanto.



viernes, 5 de febrero de 2010

(borrador)

Buenos Aires.
5 de Febrero de 2010 - Tormenta intensa,
probable alerta meteorológica.


Llueve,
cada vez más fuerte.
cada vez más peligroso.
cada vez más sonoro.


La humedad aumenta; tengo unas ganas increíbles de hacer el amor.
No puedo aguantarlas más, pero no hay nadie que me ame... Nadie.
Y, encima, llueve a cantaros...



Te juro por mí alma,que si supiera donde encontrarte,
me iría corriendo a tu casa, no importa que tan lejos
o fuera de tiempo esté ella de mí.

Recostarme entre tus sábanas, no las conozco pero sé que me urge
sentir su tela, olerlas, rozarte, que me roces. Tener tu piel sobre mi piel,
que deseas ardientemente mi piel sobre tu piel. Tus dientes mordiendo suavemente
mi labio inferior. Mi lengua intentando ahogar tu lengua en tu garganta. Y luego, tu lengua lamiendo mis pezones. Y despacio, mi lengua y la yema de los dedos de mi mano derecha dibujando en tu espalda un mapa con forma de corazón... Y tu lengua, y la mía. Y un abrazo,
sudor, el estallido final, la pérdida de la conciencia: El paraíso.
Tus sábanas, tu aroma.
Tu calor.